This atypical piece by Ana Mendieta (Cuban, b. 1948 exile 1961) is part of SFMoMA's collection. I've always liked it and I do look for it on each visit. And today (of all days) I finally note the title, Tallus Mater (Madre Tallo/Stem Mother).
When the artist's name came up during lecture on 21/5 I should have intervened, calling up images of arte fugaz for an accompanying show and tell. But that day was a wonderful, all 5 senses day, full of things fugaz and not so much, and serendipitous discoveries ... Mendieta metida en la colección de mujeres de barba postiza, mujeres barbudas, el Caimán Barbudo...
Mendieta (1948-1985) was best known for "earth-body sculptures", these ephemeral images made permanent by the camera.She also left the imprint of her body on other surfaces, often in violent looking motions and positions. This beach sculpture could be seen as containing symbolic elements of Afro-cuban religion - red is the color of Xangó...and Yemayá comes from the ocean...But this work of
medio fotografía/medio performance is a chilling foreshadowing. Mendieta fell to her death from a 34th floor in Greenwich village. Today I discover, during research, that Nancy Morejón wrote a poem about this, in its last
versos, bringing the exiled body back to the island.
An excerpt from Morejón's "Ana Mendieta":
Ana
Una golondrina de arena y barro.
Ana
Una golondrina de agua.
Ana
Una golondrina de fuego.
Ana
Una golondrina de un jazmín.
Una golondrina que creó el más lento de los veranos.
Una golondrina que surca el cielo de Manhattan
hacía un norte ficticio que no alcanzamos a vislumbrar,
o a imaginar, más al norte aún de tantas vanas
ilusiones.
. . .
Ana, lanzada a la intemperie de Iowa, otra vez.
Una llovizna negra cae sobre tu silueta.
Tus siluetas dormidas nos acunan
como diosas supremas de la desigualdad,
como diosas supremas de los nuevos peregrinos
ccidentales.
Ana sencilla. Ana vivaz.
Ana con su mano encantada de huérfana.
Anda durmiente. Ana orfebre.
Ana, frágil como una cáscara de huevo
esparcida sobre las raíces enormes de una Ceiba
cubana
De hojas oscuras, espesamente verdes.
. . .
Ana, qué colores tan radiantes veo
Y cómo se parecen a ciertos cuadros de Chagall
que te gustaba perseguir por cualquier galería
de la Tierra
Tus Siluetas, adormecidas,
van empinando al papalote multicolor
que huye de Iowa bordeando los cipreses indígenas
y va a posarse sobre las nubes ciertas
de las montañas de Jaruco en cuya tierra húmeda
has vuelto a renacer envuelta en un musgo celeste
que domina la roca y las cuevas del lugar
que es tuyo como nunca
Ana
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